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Las artes y los prejóvenes

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5 febrero, 2026

Las opiniones expresadas en este contenido pertenecen al autor únicamente, y no representan puntos de vista de autoridad en la Fe Bahá‘í

Suellen Worstell

La edad entre los 11 y los 14 años es una etapa especial de la vida: de gran altruismo, de vigor y fortaleza y, a su vez, de grandes inquietudes sobre el estado del mundo. Una forma de designar este periodo es mediante el término prejoven. Los prejóvenes que encuentran sentido y propósito en su vida conforme a una educación material, intelectual y espiritual, trazan un camino de nobleza y valor para su futuro, para con su familia, su profesión y en su relación con su comunidad.

Un programa educativo para quienes ya no son niños

La comunidad bahá’í ofrece un programa de aprendizaje y servicio dirigido a los adolescentes, con el propósito de ayudarles a reconocer el doble propósito de su vida: hacerse cargo de su propio crecimiento intelectual y espiritual, y contribuir a la transformación de la sociedad. Además, se considera que la toma de conciencia sobre la influencia de las fuerzas de integración y desintegración del tejido social puede ser un catalizador para los jóvenes en su búsqueda de sentido. Como primer paso en su servicio de construcción de comunidad, se alienta a los prejóvenes a colaborar con el programa de educación para niños y, a la vez, a darse cuenta de que ellos son ejemplos para los más pequeños.

Sin embargo, no podemos ignorar el panorama que enfrentan los prejóvenes, esta generación postpandemia, con sus grandes desafíos para con la comunicación, la salud mental, las adicciones a las redes, el consumo problemático de sustancias y la violencia; son fuentes de gran sufrimiento para ellos y sus familias. Las jóvenes, en especial, se enfrentan a la violencia física, sexual, psicológica, emocional, económica y simbólica. Conforme a la Organización de las Naciones Unidas, la violencia contra las mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas y generalizadas en el mundo.

En la incipiente experiencia de implementar este programa en algunas localidades de Argentina, encontramos en los grupos prejuveniles diversas situaciones que reflejan, a veces, algunas de estas realidades y que son moralmente imposibles de ignorar. La igualdad de derechos y oportunidades entre la mujer y el hombre es uno de los principios básicos de la fe bahá’í. En las actividades y en los momentos de estudio, así como en los de servicio, debemos asegurar que estamos poniendo en práctica este principio fundamental de igualdad para el progreso de la comunidad. Esta realidad nos urge priorizar el apoyo, la contención, la amistad y el amor para esta edad en especial. A su vez, todo y toda joven, toda niña y todo niño, es miembro de la familia humana. Invitamos a toda persona que desee contribuir a compartir actividades, uniendo esfuerzos con las escuelas, organizaciones de inspiración religiosa, organizaciones no gubernamentales y familias de nuestro barrio.

¿Cuál sería el rol de las artes?

Se considera que el arte es una de las actividades del programa prejuvenil que contribuye a los esfuerzos para adquirir conocimiento, habilidades y cualidades espirituales para la vida e, incluso, para un cambio de actitud.

El arte puede prestar un servicio de naturaleza mística, moral y social. Tales servicios, en su conjunto, constituyen el rol espiritual del arte, cuyo propósito más elevado es ennoblecer el alma del individuo y la vida colectiva de la humanidad.

Las artes abordan diversos ámbitos de expresión: el escenario, la educación y la salud. El servicio en la construcción de comunidad, uno de los objetivos del programa, se empodera con las artes y, en especial, cuando tomamos en consideración las artes escénicas: la danza, el teatro y el teatro de objetos. Son artes del movimiento. La expresión en el movimiento, en un conflicto dramático o en una danza donde la acción es simbólica, o en una presentación de teatro de objetos, permite expresar emociones a través del cuerpo y los objetos, las cuales son imposibles de expresar en palabras. Al mismo tiempo, las artes reflejan nuestra realidad individual y comunitaria y ofrecen una oportunidad para “decir” lo que no se dice, para la transformación individual y social. Conforme a la Organización Mundial de la Salud: «La participación en actividades artísticas puede aumentar la autoestima, la autoaceptación y la confianza en uno mismo, lo que ayuda a proteger contra los trastornos mentales. Por ejemplo, los niños y adolescentes que participan en actividades artísticas tienen mejores niveles de bienestar, socialización y resiliencia».

Los prejóvenes de un barrio de la provincia de Corrientes crearon sus títeres de papel del cuento “El Pastorcito Mentiroso” para una visita a una casa de mujeres ancianas. El títere es una respuesta a la timidez y a los temores a exponerse frente a otros. Es un barrio al que les encantan los títeres. Actualmente se está desarrollando la actividad de percusión corporal, y el futuro traerá más oportunidades para la expresión corporal y la danza.

“Las artes, como un gran río de expresión humana, fluyen desde el seno de cada cultura, de cada pueblo, para volcarse al océano de la riqueza de la identidad universal. Las artes dan voz al oprimido, tiran abajo los muros de las diferencias, unifican los diversos hilos del tejido humano en busca de su voz”.

Referencias

Los derechos de la mujer son derechos humanos
https://www.ohchr.org/sites/default/files/Documents/Publications/HR-PUB-14-2_SP.pdf
Tuman Ludwig. (1991) The spiritual role of art. Journal of Baha’i Studies Vol. 4 n. 4

 

Suellen Dornbrook es licenciada en Artes Escénicas,
dramaturga y profesora de Artes Teatro y Expresión Corporal Danza
Es miembro de la comunidad bahá’í de Corrientes.

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